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Conversación nocturna en la terraza, las luciérnagas de los cigarrillos, el vino negro en las copas. Ahora no decimos nada, encerrados en ese silencio que surge de los muchos años de amistad y soledad. Unos murciélagos pasan atolondrados tras los vristales como si fueran las almas huidas de nuestros amigos muertos que quisiesen quedarse aquí donde la vida está entera.
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